

Los mosquitos pican por la sencilla razón que tienen que alimentarse de la sangre de los mamíferos incluidos los humanos. Para conseguir su alimento, su mandíbula ha evolucionado y se ha transformado en dos finísimos estiletes que "taladran" la piel de las víctimas, y posee como una especie de bomba con la que chupan la sangre. Una vez sobre la víctima, el mosquito clava las puntiagudas mandíbulas, pero, a su vez, inyecta su saliva que actúa como un anestésico, durmiendo la zona donde se produce la picadura. Es precisamente esta saliva la que pasado su efecto adormecedor, produce el picor y la hinchazon en la zona. Además, los mosquitos pueden traspasar al ser humano con sus picaduras enfermedades como la malaria o encefalitis.
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